Esta vez nos tocó perder.
Y perder siempre es perder.
Y te deja tiritando.
No hay lado bueno, no hay buenas noticias, ni lección aprendida.
Perder es un golpe bajo que sólo vale para caer.
Y es irreversible, no hay reconstrucción posible porque no te puedo sujetar con una mano, porque te escurres y te pierdo y nada ni nadie podrá devolverte a la vida.
Ojalá pudiera parar, y dar marcha atrás, y darnos otra oportunidad.
Pasar un ratito más juntos, o inventar un después y prometer volvernos a ver en alguna esquina de la eternidad.
Pero nos tocó perder.
Los muertos no son datos, ni curvas. No son una estadística.
Los muertos no son cifras.
Son nuestros abuelos, padres, tíos, hermanos, parejas, hijos, son nuestros amigos, que hace un rato estaban bien, llenos de vida llenando la nuestra.
Todos tienen nombre propio y un pasaporte de experiencias en cada una de sus hojas, un patrimonio de recuerdos que regar, de buenos momentos, de esfuerzo y ejemplo.
Y no hay consuelo.
No hay mercado ni tarifa donde comprar un poco de ésto.
Ni aquí, ni en China.
No hay cura, no hay tratamiento, ni vacuna.
Nos hemos quedado secos.
Y ahora lo que siento es dolor y rabia.
No te pude proteger, ni abrazar, ni acompañar en tu final.
Teniéndote tan cerca y no poderte ir a buscar.
Te has muerto solo en un hospital.
Y necesito contar y llorar esta herida de guante y mascarilla.
Y desearte buen viaje en alguna terminal, ahora que empiezan a abrirlas.
Y dedicarte mi silencio.
Y honrarte.
Y hacer que sigas en mi vida.
Por eso antes de volver,
te debo una despedida.
En Memoria de todas las Víctimas del Covid-19.
Sabina Sevilla
